martes, 26 de abril de 2011

Las niñas





                                           50x65cm óleo sobre lienzo


La bajamar deja al descubierto numerosas charcas. Los niños juegan en ellas y descubren a los animalillos y algas que  viven en ellas. Son pequeños acuarios naturales donde observar la vida en directo. Mis hijos siempre han disfrutado de ellas. Más allá solo la mar sabe que esconde.
Este oleo esta realizado a partir de una foto tomada por mí en la costa almeriense. Vivimos mi familia y yo durante un año en San Juan de los terreros, una pedanía de Pulpí y de donde me traje muy buenos momentos. 
En la zona más cercana al espectador, mezcle el óleo con polvo de tierra pómez para dar textura al cuadro y trasmitirle profundidad.

lunes, 25 de abril de 2011

Martin pescador (Alcedo atthis)

                                           30x40 cm, acuarela sobre papel Guarro


La mañana aun esta fría, se nota en la rama que todavía mantiene la escarcha, el pequeño pájaro, encogido por el frió, otea desde su rama la presencia de una presa. Pronto el sol calentara y seguramente la pesca será más agradable.

Águila calzada

                                                    40x50 cm, pastel sobre papel canson

 El águila calzada (Hieraaetus pennatus), una rapaz relativamente abundante en algunas zonas de nuestra región andaluza. Me gusta su porte, su línea estilizada y su aspecto ágil. No es una de las águilas que más me he tropezado en mis correrías. Su dieta está basada en aves de medio tamaño, conejos y reptiles, sobre todos lagartos. De costumbres principalmente forestales, esta pequeña águila presenta dos fases de coloración, clara en los ejemplares jóvenes y oscuros en los adultos. Es una especie migratoria y durante el mes de agosto deja la península siendo todo un espectáculo el cruce del estrecho.

domingo, 17 de abril de 2011

Equilibrio

                                             80x100 cm óleo sobre lienzo




El pasado fin de semana hablaba con un guarda de finca que se quejaba de la cantidad de zorros que tenía que abatir al año. Hablaba de cómo se había multiplicado el número de gaviotas y el problema que conllevaba. El pobre hombre se vanagloriaba de lo bien que guardaba su finca, de la cantidad de perdices y conejo que se criaban en sus guarderías, pero no se daba cuenta de que hemos roto el equilibrio natural, nos hemos cargado la mejor forma de mantener a raya a los depredadores.
Durante siglos no ha faltado la caza en España y existían un mayor número de depredadores de los que hay ahora, pero no nos enteramos que la caza en España no es otra cosa que negocio, es un sector que mueve al año miles de millones de euros y nos lo estamos cargando poco a poco, tiro a tiro, en nuestro propio perjuicio.
Antiguamente los zorros tenían infinidad de depredadores, como el lince, el lobo o el águila real. Sus crías no sobrevivían ni la mitad de las que sobreviven ahora, pues estaban expuestas a multitud de enemigos. No soy contrario a la caza, incluso la practico, aunque cada vez menos, pero ha de cambiar una serie de normas y de leyes para que se mantenga el equilibrio. Esta totalmente prohibido matar rapaces y especies protegidas, pero en los cotos, los guardas y socios, abaten todas las que pueden amparándose en el daño que hacen. Si nos paráramos a pensar y observar, los mejores cotos son los que practican un control equilibrado, en ellos hay más caza y más depredadores, pero se respeta el equilibrio entre ellos y las especies cazables son más bravas y los lances son mucho más bonitos que aquellos en los que hay que repoblar continuamente. La caza, como todo, se ha convertido en una cuestión de cantidad más que de calidad. Y no creo que ese sea el camino.
Como en el cuadro, antaño, el águila real era el peor enemigo del zorro. Hoy el hombre se ha vuelto el peor enemigo del águila real y del zorro, en decremento de la diversidad de especies en nuestros campos.

jueves, 14 de abril de 2011

El presente

                                                      55x65 cm óleo sobre lienzo

El macho, en actitud sumisa, entrega un abejorro a la hembra. Esta, erguida, seguramente recogerá el regalo y el macho volara a por otro. Con esta actitud no pretende otra cosa que demostrar que es un buen padre y que puede sacar a delante a sus futuras crías.
En todas las especies pasa mismo. Algún presente se ha de dar a la pareja para que esta acceda a unirse con uno. Siempre digo que los humanos no somos diferentes al resto de los animales, solo que hemos evolucionado más que otras especies, y en vez de regalarle a nuestra pareja unas chuletas o una lechuga, les regalamos flores, anillos, colgantes, etc... Y poco a poco la pareja va tomando interés por uno. No quiero que se me tachen de machista, no estoy diciendo que la mujer es un ser a la que hay que engatusar, no, me refiero a la conducta estrictamente animal. Si nos fijamos en nuestras relaciones y las comparamos con otros comportamientos animales vemos, en la mayoría de los casos, una similitud en cuanto a la conducta. Cuando se nos eriza el pelo  ante una situación peligrosa no es otra cosa que una conducta animal o cuando nos cagamos de miedo no es otra cosa que una conducta animal. No podemos libramos de nuestro pasado, al fin y al cabo no hace mucho tiempo estábamos  viviendo en una caverna tapándonos con un simple taparrabos.

miércoles, 6 de abril de 2011

Campo de amapolas

Rojo. Campos de sangre. La luz del sol hace brillar los cabellos. El resto, rojo y verde. Los campos de amapolas son preciosos. Aunque no es una flor autóctona, es habitual verlas por los campos y en algunos sitios forman alfombras rojas dando una nota de pasión al paisaje. Esta acuarela la pinte a partir de una fotografía que me envió mi buen amigo Mariano Alvarez, al que agradezco que me ayudara a llevar mejor el añito que pase en su tierra  y  con el que salí muchas veces al campo y disfrutamos de las cosas sencillas de la naturaleza en un paraje tan bonito como es la campiña de Hinojosa del Duque

martes, 5 de abril de 2011

Espia de la vida natural

Lo observo todo en el campo. Me encanta pararme debajo de un árbol y quedarme quieto mientras lo observo todo. Creo que es la mejor forma de entender la naturaleza. Sin prisas. Aunque, la verdad, no siempre lo consigo. Es complicado no ir con prisas, muy complicado. Hace unos años lo conseguía, me iba al campo y me podía perder durante horas y cuando me preguntaban que había hecho, contestaba que nada. Y era verdad, solo observaba y de esta forma conseguía ver a una comadreja andurrear delante de mí u observar a los jilgueros mientras pacientemente comían las semillas de un cardo. El sábado pasado, en compañía de Miguel, espiamos desde el coche a una hembra de curruca cabecinegra y recordé de nuevo aquellos días en que uno no tenía prisas. Estuvimos al menos diez minutos viendo a la curruca volar, mirarnos, chillar hasta que llego su pareja y parece que la tranquilizo. Esos momentos son mágicos para mí. No pretendo ver una especie poco común, prefiero pasar desapercibido hasta convertirme en un espía de la vida natural.

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