miércoles, 11 de noviembre de 2015

Malvasía cabeciblanca-white-headed duck(Oxyura leucocephala)

Es un pato extraño, muy extraño. El color azulado de su pico ya nos choca, y no digamos su forma. Cuando flota parece que no es capaz de mantenerse en la superficie, da la sensación de que se hunde. No nada con elegancia ni vuela con elegancia. Para mi es feo.
 Pero cuando hace unos años, el último fenómeno del Niño que hubo por el año 97, las lagunas cercanas a Écija rebosaban agua, no solo las lagunas sino el campo manaba agua. Los caminos eran intransitables, el barro lo embarraba todo, nunca mejor dicho, y los charcos en algunos caminos no eran charcos, eran trampas que te sumergían medio coche.
La laguna de la Ballestera, no era una excepción. El nivel de las aguas se mantuvo todo el año. Era una delicia visitarlas, las fochas se contaban por cientos, los flamencos manchaban de rosa la azules aguas; azulones, frisos, cucharas nadaban en bandos. Los zampullines cuellinegros y chicos no paraban de dar honor a su nombre y desaparecían continuamente para aparecer unos metros más allá. En los cañizos el calamón surgía tímidamente dejando ver sus brillantes plumas azules al caer la calurosa tarde. Y por supuesto la malvasía también nadaba en sus poco profundas aguas. Seguramente provenían de la laguna del Gobierno, pues es un reducto donde los escasos miembros de esta especie aún anidan y sacan adelante a su prole. Escasa como digo por la reducción de su hábitat, ya que necesita de lagunas hondas y permanentes donde buscar su alimento buceando. Y si no fuera poco, una amenaza bien seria es la hibridación con su prima la malvasía canela (Oxyura jamaicencis), especie introducida en Europa a partir de las Islas Británicas. Crudo futuro para la más fea del baile.
Bocetos en la Ballestera

La pareja nada tranquila cerca de la orilla, entre las piedras, el macho se sumerge y sale a unos metros de la hembra, rápidamente nada hacia ella, medio sumergido con la cabeza metida entre los hombros. Ella sin prestarle mucha atención  mete el pico bajo el ala y dormita, el la mira un momento y la imita. Despacio, dejándose llevar por el viento son arrastrados hacia el centro de la laguna.

Écija, 11 de noviembre de 2015


Pablo Reina

martes, 27 de octubre de 2015

Abejaruco común-European bee-eater (Merops apiaster)

Cada primavera, como muchas de nuestras queridas aves, el abejaruco cruza el estrecho para inundar nuestros campos de sus típicos coros y llenarlos, más si es posible, con sus vivos colores. Realizan un largo viaje desde África tropical, para arribar a nuestras costas sobre marzo o abril, donde anidaran en cualquier talud arenoso que encuentren.
Con la carraca o carlanco, como se les denomina por mi tierra, es uno de los pájaros más vistoso. Sus colonias son ruidosas y llenas de bullicios, parece que sus animados colores también alegran sus vidas. El incesante ir y venir a las bocas de sus largos túneles con el insecto que hábilmente ha cazado en su pico hace muy divertido visitar una de esas colonias. 
Pero, como todo ser vivo tiene sus detractores. Para lo que a la mayoría es un espectáculo de color y sonido contemplarlos, para unos pocos es una autentica plaga. Me refiero a los apicultores. Y no quiero que esto pueda parecer un ataque hacia este gremio, ni mucho menos. Durante cientos e incluso miles de años han convivido en buena relación, Aunque siempre hay algún desalmado que haya destrozado una colonia, no es lo habitual. Es cierto que un asentamiento de abejaruco cerca de una colmena causa daño, pero es un daño con el que todo apicultor responsable debe contar, pero cuando a las colmenas se les unen otros factores, como pesticidas, plagas, hongos o cualquier otro factor externo que diezman a las abejas, el chivo expiatorio suele ser el abejaruco, y se pueden ver colonias enteras cerradas las bocas de sus túneles con botellines de cerveza, y muy posiblemente con los pollos y adultos dentro de ellos. Una autentica salvajada. 
Pero los abejarucos no solo consumen abejas, cazan cualquier tipo de insectos que puedan atrapar en vuelo, como avispas, libélulas, mariposa, mocas.... y un largo etc. de estos pequeños animales.
Por tanto sigamos disfrutando de estas maravillosas aves que nos alegran la vista todos los tórridos veranos de nuestras tierras.
Acuarela



La hembra espera parada en su rama favorita cerca del nido, se atusa las plumas con su largo pico, descuidada, coqueta. El macho vuela cantando por los alrededores, cada vez que caza un insecto se lo ofrece  delicadamente a ella y rápidamente vuelve a su sus quehaceres. Con este gesto no hace otra cosa que demostrar a su pareja que va a ser un buen padre, nada más y nada menos. 


Écija, 27 de octubre de 2015

Pablo Reina



jueves, 22 de octubre de 2015

Gorrión común- House Sparrow (Passer domesticus)

De pequeño siempre andaba con una escopeta de plomos en las manos, desde muy pequeño, con cinco años nada mas, ya sabía manejarla y tirar con ellas. Me la encaraba y como no me daba el tamaño de la culata la pasaba por debajo del brazo y así la manejaba. Las tardes de verano las pasaba en el campo, en Reinoso, del gallinero al patio de las palmeras con la escopetilla en busca de los gorriones que por allí paraban. El patio tenía tres palmeras que cuando yo tenía ocho o diez años sus palmas estaban a la altura de las ventanas de la parte alta de la finca, allí nos apostábamos y disparábamos a todo gorrión que se atreviera a entrar a sus hojas. Recuerdo que cuando conseguíamos abatir alguno y caía al patio teníamos que bajar corriendo pues los gatos del casero se los trincaban antes que nosotros pudiéramos cogerlo. Luego los llevamos a casa y Vallilla, más que una tata para mí y mis hermanos, me los ponía frito. 
No me avergüenzo ni me vanaglorio de ello. Eran otros tiempos. Mucho me tacharan de cruel, pero no tenía nada de cruel en aquellos años. Hoy en día no me gusta que mis hijos cojan la escopeta y cacen con ella, prefiero que disparen a dianas o cualquier otra cosa, ¿a cambiado mi forma de pensar?, pues si, seguramente sí. 
En aquellos tiempos los gorriones eran la mar de común, como su nombre indica. Volaban en grandes bandos de un lado a otro, no solo del campo, sino en los tejados de mi pueblo. Actualmente se les escucha menos, no digo que sea una especie que esté en peligro, pero sí que su población está en declive en todo el mundo, ¿la causa? ni idea. Algunos estudios indican que se debe a que en el campo se han abandonado las prácticas tradicionales de agricultura y el exceso de pesticidas y otros productos con los que saturamos la tierra les afecta sobre todo en su alimentación. En cuanto a las ciudades, como Londres o Praga, donde cada vez es mas difícil ver uno, la causa la centran en el cuidado de las zonas ajardinadas, donde cada vez es más complicado encontrar "malas hierbas" donde poder buscar grano e insectos y la falta de lugares donde poder anidar.
Lo cierto y verdad es que nuestro gorrión común es cada vez menos común. Debemos tomar conciencia de ello y pensar que estamos haciendo algo mal, pues si a ellos les repercute a nosotros también.


                                                  Écija, 22 de octubre de 2015



Pablo Reina

Acuarela 21x30 cm

viernes, 11 de septiembre de 2015

Buitrón - zitting cisticola(ingles) (Cisticola juncidis)

Para mí la vida es una gran banda sonora. Siempre hay una canción o sonido que me recuerda a algo. Todas las mañanas amanezco con una canción metida en cabeza que no paro de tararear el resto de la jornada, algunas veces esto es una suerte pues puedo estar todo el día recordando a U2 o Amaral o cualquier otro grupo que me gusta, pero como yo no elijo la banda sonora  puedo empezar el día con Camela o Georgie Dann y como comprenderéis es un autentico calvario.
Bueno pues con los sonidos de la naturaleza también me ocurre lo mismo. Hay sonidos que siempre me recordaran algo del pasado. El quejido de un bando de alcaravanes o el trompeteo de las grullas me evocan a tarde frías de finales de otoño. El parejo  y monótono canto del autillo me recordara siempre a mi cuarto de mi antigua casa, cuando por las noches de verano imaginaba multitud de seres asombrosos que me llamaban y miedoso que era uno,  me acurrucaba entre las sabanas y sudaba como un pollo.
De la misma manera el buitrón, el pájaro que se queda sin pilas, pues cuando vuela parece caerse del cielo, me ha atraído siempre. De pequeño cuando iba al campo y sacaba la cabeza por la ventanilla del Dyane 6 me quedaba observando su vuelo irregular y  cada vez que piaba parecía recobrar la vida y el aleteo.
 Os dejo esta acuarela  de este pequeño infatigable que tiene nombre de gigante.

                                                                                                                 Écija, 11 de septiembre de 2015


                                                                                                                                              Pablo Reina
Acuarela y lápiz color 20x30 cm

viernes, 26 de junio de 2015

La duna

Acuarela y lapices acuarelables


Cada día me atrae más la playa, y no es porque este en Écija a 42º a la sombra, no ni mucho menos, no es esa la razón. Me atrae la vida que ella llama, que se alimenta de sus aguas y de lo que ella arrastra, su vegetación, sus dunas, sus acantilados...su playa. Por eso no me atrae la playa en verano, cuando miles de bañistas la asaltan clavando sus coloridas sombrillas y llenando de desechos la arena y el agua. La prefiero solitaria, sin música, sin gritos, sin pelotas, sin niños cavando en sus blancas arenas queriendo simular negros caminos que te llevan a castillos de desechas almenas. Prefiero la playa una mañana de otoño cuando las olas ocultan rápidamente las pocas huellas que los caminantes dejan. 
El frio viento de levante arrastraba la fina arena hasta topar con la escasa vegetación que por allí había. 


                                                               Ecija, a 26 de junio de 2015


                                                                                    Pablo Reina

viernes, 17 de abril de 2015

La playa

La arena fina entre mis manos se desliza suavemente. Soy un gran reloj de arena que no quiere dejar escapar el tiempo. Me quedaría allí, para siempre, paseando por sus playas desiertas y saboreando el gusto salado del aire cuando  me salpican las olas que asaltan la playa.

Al fondo, un poblado pequeño de casas que alguna vez fueron blancas parece no formar parte del paisaje. No queda nadie, hace años que en su puerto no atraca ninguna barca y en sus balcones no luce ninguna flor.
Acuarela 20x15






                                                                                                                         Pablo Reina  

martes, 31 de marzo de 2015

Alcaudón común-Woodchat shrike (Lanius senator)

Hace tiempo que no escribo nada. El desgano y la desidia se apoderan de mí fácilmente. No encuentro el momento, cualquier interrupción me esfuman las musas. Engaños, mentiras que me cuento a mi mismo sin intención de engañar a nadie, solo a mí. La mano la entreno más a menudo y estoy pasando esa crisis que me hace ver todos mis dibujos sin ningún valor. No se me apetece enseñárselos a nadie. Pero eso ya está pasando, no dejo de dibujar y raro es el día que no lo hago. Prueba de ello los dibujos que voy apilando en mi cartera. Pero esto de escribir… es otra cosa. De modo que no os aburro más y os dejo este pequeño alcaudón común a contraluz. Acuarela y lápices policromos sobre papel de acuarela de 25x30 cm. Un saludo y espero que mi cabeza no me siga jugando malas pasadas.

Sobre la rama de una joven encina espera paciente a que alguna despistada presa deje de hacerse invisible.

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