viernes, 11 de septiembre de 2015

Buitrón - zitting cisticola(ingles) (Cisticola juncidis)

Para mí la vida es una gran banda sonora. Siempre hay una canción o sonido que me recuerda a algo. Todas las mañanas amanezco con una canción metida en cabeza que no paro de tararear el resto de la jornada, algunas veces esto es una suerte pues puedo estar todo el día recordando a U2 o Amaral o cualquier otro grupo que me gusta, pero como yo no elijo la banda sonora  puedo empezar el día con Camela o Georgie Dann y como comprenderéis es un autentico calvario.
Bueno pues con los sonidos de la naturaleza también me ocurre lo mismo. Hay sonidos que siempre me recordaran algo del pasado. El quejido de un bando de alcaravanes o el trompeteo de las grullas me evocan a tarde frías de finales de otoño. El parejo  y monótono canto del autillo me recordara siempre a mi cuarto de mi antigua casa, cuando por las noches de verano imaginaba multitud de seres asombrosos que me llamaban y miedoso que era uno,  me acurrucaba entre las sabanas y sudaba como un pollo.
De la misma manera el buitrón, el pájaro que se queda sin pilas, pues cuando vuela parece caerse del cielo, me ha atraído siempre. De pequeño cuando iba al campo y sacaba la cabeza por la ventanilla del Dyane 6 me quedaba observando su vuelo irregular y  cada vez que piaba parecía recobrar la vida y el aleteo.
 Os dejo esta acuarela  de este pequeño infatigable que tiene nombre de gigante.

                                                                                                                 Écija, 11 de septiembre de 2015


                                                                                                                                              Pablo Reina
Acuarela y lápiz color 20x30 cm

viernes, 26 de junio de 2015

La duna

Acuarela y lapices acuarelables


Cada día me atrae más la playa, y no es porque este en Écija a 42º a la sombra, no ni mucho menos, no es esa la razón. Me atrae la vida que ella llama, que se alimenta de sus aguas y de lo que ella arrastra, su vegetación, sus dunas, sus acantilados...su playa. Por eso no me atrae la playa en verano, cuando miles de bañistas la asaltan clavando sus coloridas sombrillas y llenando de desechos la arena y el agua. La prefiero solitaria, sin música, sin gritos, sin pelotas, sin niños cavando en sus blancas arenas queriendo simular negros caminos que te llevan a castillos de desechas almenas. Prefiero la playa una mañana de otoño cuando las olas ocultan rápidamente las pocas huellas que los caminantes dejan. 
El frio viento de levante arrastraba la fina arena hasta topar con la escasa vegetación que por allí había. 


                                                               Ecija, a 26 de junio de 2015


                                                                                    Pablo Reina

viernes, 17 de abril de 2015

La playa

La arena fina entre mis manos se desliza suavemente. Soy un gran reloj de arena que no quiere dejar escapar el tiempo. Me quedaría allí, para siempre, paseando por sus playas desiertas y saboreando el gusto salado del aire cuando  me salpican las olas que asaltan la playa.

Al fondo, un poblado pequeño de casas que alguna vez fueron blancas parece no formar parte del paisaje. No queda nadie, hace años que en su puerto no atraca ninguna barca y en sus balcones no luce ninguna flor.
Acuarela 20x15






                                                                                                                         Pablo Reina  

martes, 31 de marzo de 2015

Alcaudón común-Woodchat shrike (Lanius senator)

Hace tiempo que no escribo nada. El desgano y la desidia se apoderan de mí fácilmente. No encuentro el momento, cualquier interrupción me esfuman las musas. Engaños, mentiras que me cuento a mi mismo sin intención de engañar a nadie, solo a mí. La mano la entreno más a menudo y estoy pasando esa crisis que me hace ver todos mis dibujos sin ningún valor. No se me apetece enseñárselos a nadie. Pero eso ya está pasando, no dejo de dibujar y raro es el día que no lo hago. Prueba de ello los dibujos que voy apilando en mi cartera. Pero esto de escribir… es otra cosa. De modo que no os aburro más y os dejo este pequeño alcaudón común a contraluz. Acuarela y lápices policromos sobre papel de acuarela de 25x30 cm. Un saludo y espero que mi cabeza no me siga jugando malas pasadas.

Sobre la rama de una joven encina espera paciente a que alguna despistada presa deje de hacerse invisible.

domingo, 9 de marzo de 2014

Calandria común-Calandra lark (Melanocorypha calandra)


Cerca de mi casa hay una plaza, donde las voces de los niños que en ella juegan  y el murmullo de las personas que descansan en sus bancos alrededor de una de las fuentes más bonitas que hay en mi ciudad, se mezclan con el incesante canto de un pájaro encerrado en un jaulón colgado en una ventana. Una y otra vez lanza al aire su copla, algunas veces monótona, otras con una gama tonal que asombra. Unas veces parece un gorrión el que está encerrado, otras un estornino. La gente pasan y asombrados se paran a escucharlo. Él, una y otra vez, como si al cantar pudiera romper los barrotes que le impiden volar alto y entonar a los cuatro vientos sus penas, nos deleita con sus trinos. No es un pájaro de jaula, no ha nacido en ella. Es una calandria o como se les apoda por Andalucía, londro. En primavera, en los llanos de la campiña ecijana, se les ve, mejor dicho, se les escucha en el cielo gorjeando sin cesar. Muchos los confunde con la grácil alondra, pero este pájaro es mucho más robusto que ella y para mí, más nuestro.
Una mañana fría, el londro canto tan fuerte que la jaula que lo encerraba se hizo añicos, y sin dejar de cantar voló muy alto y en el vasto cielo volvió a ser calandria.


                                                                                       Écija, 9 de marzo de 2014


                                                                                                                 Pablo Reina

lunes, 18 de noviembre de 2013

El numero de la cabra



La música de una trompeta acaba con la tranquilidad de la calle. Los balcones se abren y los niños bajan corriendo, nadie pregona nada pero todos saben lo que va a pasar, todos saben que pronto comenzara el número de la cabra.
 A la puerta de un bar un gitano monta una pequeña escalera de madera, a su lado una cabra masca tranquila. El gitano comienza a soplar la trompeta, un pasodoble machacón y desafinado, y empieza el espectáculo. Ayudado por una vara de olivo va marcando los pasos que a de seguir la cabra, le indica un peldaño de la escalera y la cabra va subiendo, luego otro y otro, hasta llegar arriba. Los niños se agolpan alrededor y algún que otro transeúnte que por allí pasa. El camarero del bar le grita nervioso que porque no se va con la cabra a otra parte temiendo que algún cliente se le vaya sin pagar con el revuelo que se esta formando o que algún chavalito le sise la propina dejada sobre el platito de la cuenta, pero el gitano ha comenzado el espectáculo y ya nada lo puede parar. Poco a poco la cabra llega a la cima de la escalera y allí le espera el último paso, el más difícil, se ha de subir en un botellín de cerveza y la cabra, con su papel bien aprendido, juntando sus patitas  se monta despacito encima de ella. Los niños aplauden y el gitano pasa la gorrilla entre los espectadores. Pocas monedas tintinean en la gorra, recoge los bártulos y camina seguido por la cabra y un corro de chiquillos en busca otro barrio donde montar de nuevo el tenderete.
Esta imagen era bastante habitual hace unos años. Los viejos, cuando escuchaban la musiquilla decían que ese seria un mal año, presagio de malas cosechas y duro invierno.
Actualmente, se ha cambiado la trompeta por un teclado y un carrito con unos altavoces y se ha prescindido de la cabra, en algo se ha ganado, pues no veas los varazos que se le daban al pobre animal para conseguir que se subiera en el botellín. Pero los presagios siguen siendo los mismos, el pasodoble machacón y mal tocado, el mismo e incluso parece ser el mismo gitano, aunque que queréis que os diga, el numero ha perdido mucho encanto sin la cabra.

                                                                                      Écija, 18 de noviembre de 2013


                                                                                                 Pablo Reina

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